La nueva película de Peter Jackson sobre los bombarderos «Dambuster»

 

La película contará con información que ha estado clasificada desde la Segunda Guerra Mundial por el Ejército británico

Más de una década lleva Peter Jackson intentando contar la verdadera historia del Escuadrón 617 del Ejército británico, los conocidos «Dambuster», que durante la Segunda Guerra Mundial realizaron la épica misión de destruir, en tan solo dos días, las presas más importantes de la Alemania nazi. La peculiaridad de este remake, cuya película original fue protagonizada en 1955 por Richard Todd y Michael Redgrave, es que ahora podrá desvelar todos los secretos de esta operación que habían permanecido clasificados por el Gobierno inglés hasta hoy.

«Es una de las historias más notables de la Segunda Guerra Mundial», aseguraba Jackson, que hará las veces de productor, ya en 2009, cuando hacía anuncios fallidos de que este filme empezaría a rodarse pronto. «El director Michael Anderson hizo su magnífica versión en 1955, pero muchos detalles de los ataques a estas presas no se habían hecho públicos. El Gobierno británico ha ido desclasificando algunos de ellos, los cuales permiten aportar más intriga a la historia y a los personajes. Son hechos sorprendentes de la historia de la Commonwealth que esperamos dar a conocer muy pronto a una generación que, quizá, no esté al corriente del sacrificio de estos hombres», añadía.

Ese momento parece que por fin ha llegado. Jackson ha comprado los derechos del bestseller de James Holland, «Dambusters: The Race to Smash the Dams», que incluye una gran parte de la información desclasificada y que no ha estado disponible para el público en los últimos setenta años. La nueva película, por lo tanto, incluirá detalles sensibles y datos importantes que jamás habían sido revelados públicamente por estar protegidos por la Ley de Secretos Oficiales inglesa. Algo que no ocurría en la versión original, que Jackson ha calificado ahora de «romántica». «Nos vamos a aferrar a esos derechos, que tenemos en exclusiva por uno o dos años más. Y es cierto que siempre ha sido una gran historia, pero ahora es aún mayor que en 1955, porque entonces mucha de ella estaba protegida bajo secreto de sumario», cuenta al diario «Daily Mail».

Marzo de 1943

La historia del mítico escuadrón de la RAF comenzó en marzo de 1943, cuando se creó con efectivos no solo de la Royal Air Force, también de Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Tras la derrota en enero en la batalla de Stalingrado, había comenzado el declive del Tercer Reich y el avance de los soviéticos se hacía imparable. Los aliados empezaban a repartirse Alemania en Teherán e Italia se unía a ellos tras la rendición de Mussolini. Pero los ingleses aún consideraban que debían asestar un gran golpe a los nazis.

El objetivo que se estableció fueron tres grandes presas de la cuenca del Ruhr: MöhneEder Sorpe. Los aliados eran conscientes de la crucial importancia que tenían estas para Alemania, ya que proporcionaban agua potable a cinco millones de personas, el 70% del agua que necesitaban las fábricas del Ruhr para funcionar y servían a las centrales eléctricas para producir la electricidad que usaba la industria armamentística germana. Además, controlaban los cauces de los ríos Weser, Fulda y Eder. Antes del inicio de las hostilidades, de hecho, los británicos las consideraban un objetivo estratégico de primera magnitud.

Sin embargo, el bombardeo no era tan sencillo. Las presas habían sido construidas para resistir la presión de millones de toneladas de agua. La más grande de las tres, Möhne, estaba protegida contra ataques aéreos por globos de barrera. Además contaba con potentes baterías antiaéreas para repeler la llegada de los aviones, lo que hacía de un posible ataque una misión suicida. Y por si fuera poco, debajo del agua contaba con gigantescas y resistentes redes cuyo fin era evitar que los torpedos lanzados desde el aire llegasen al hormigón del muro. Era prácticamente imposible provocar algún daño, porque las bombas convencionales no tenía la potencia suficiente para hacer peligrar la integridad de semejantes construcciones.

Barnes Wallis

Fue Barnes Wallis quien dio con la solución, tras llevar toda la guerra intentando encontrar la forma de destruir las presas. Este ingeniero aeronáutico estaba convencido del éxito si conseguía que una bomba explosionara por debajo del nivel del agua, muy cerca de la pared. De ahí surgió la idea de construir las bombas de rebote Upkeep. Se trataba de unos proyectiles de forma cilíndrica y lo suficientemente pesados como para que, si eran lanzados a baja altura, pudieran caer sobre las redes, golpear en la presa, bajar rodando por el hormigón y explotar en la base de estas para resquebrajar el hormigón.

Lo ingleses sabían, además, que podrían con la ventaja de la sorpresa, puesto que los nazis consideraban muy improbable que un ataque de esas condiciones pudiera producirse. Para convencer a sus superiores, que veían la operación muy difícil, Wallis construyó una maqueta de la presa de Mönhe a escala 1:50 e hizo una simulación. Luego hizo experimentos en una piscina cubierta utilizando esferas del tamaño de una pelota de tenis. Las pruebas reales comenzaron en la primavera de 1942 en una playa de Dorset con bombas de verdad de cuatro toneladas y, más tarde, hasta se obtuvo el permiso para experimentar con una presa real de Gales. Todo estaba listo y, en febrero de 1943, el comandante supremo de la RAF, el mariscal Charles Portal, ordenó preparar el ataque.

La operación se bautizó con el nombre de «Chastise». Se reservaron 19 Avro Lancaster, los únicos aviones capaces de transportar una carga tan pesada como las bombas de rebote Upkeep. Era tan complicado el vuelo que tardaron meses en encontrar un método para sujetar los explosivos. En marzo de 1943 se seleccionó a los pilotos que formarían el Escuadrón 617, los cuales estarían al mando del coronel Guy Gibson. Tenía solo 24 pilotos, pero contaba con 172 misiones a sus espaldas.

Entrenamientos

Los pilotos iniciaron los entrenamientos volando a baja altura sobre los remotos lagos de Gales, teniendo en cuenta que el día señalado debían lanzar las bombas a una altura de 18 metros sobre el nivel del agua. Volaban todos durante varias horas en la preparación, pero por el día. Para simular la oscuridad de la noche, que es cuando se realizarían los ataques, utilizaron cristales tintados en los aviones y usaron gafas de sol. Y mientras, varios cazas realizaban tareas de reconocimiento a 9 kilómetros de altitud y en zonas muy amplias para evitar la sospecha de los alemanes.

Por fin, el 16 de mayo de 1943, se produjo el ataque en tres oleadas diferentes sobre las tres presas. Fue técnicamente brillante, aunque no resultó todo lo efectivo que los mandos esperaban. En las presas de Möhne y Eder provocaron grandes daños, hasta que punto de que fuerte crecida en el nivel del agua provocó más de 1.600 muertos. Aunque la operación recibió una gran publicidad en el bando aliado, lo cierto es que la mayoría de estas bajas fueron prisioneros de guerra y trabajadores forzosos extranjeros. Ocho de los aviones fueron derribados y 53 de sus tripulantes perdieron la vida. Los supervivientes fueron condecorados.

Según se cuenta en «El arquitecto de Hitler», de Martin Kitchen, el ministro de Armamento y Guerra del Tercer Reicha, Albert Speer, acudió apresuradamente a las presas, pero le aseguraron que la de Sorpe proporcionaba agua potable, por lo que no había problemas para la salud. Ordenó que se pusieran a trabajar inmediatamente en la reparación de los diques. El 23 de septiembre ya se encontraban en buen estado y con una protección antiaérea notablemente mejorada. Se había provocado un daño considerable en puentes y carreteras, durante meses las plantas generadoras de electricidad y las obras hidráulicas funcionaron a un 35% por debajo de su capacidad. El tratamiento de las aguas residuales también quedó seriamente afectado, pero el principal efecto sobre el enemigo fue psicológico.

«El valor de los jóvenes pilotos que formaron el Escuadrón 617, algunos de los cuales tenían 20 años recién cumplidos, alentó a los aliados no solo a resistir, sino a atacar a la Alemania nazi», cuenta Christian Rivers, el que será director de la película producida por Peter Jackson. «La historia de los Dambusters forma parte de la mitología de mi infancia. Recuerdo ver la película por primera vez en la televisión en Inglaterra con mi abuelo. Nunca olvidaré las imágenes de la bomba rebotando en la superficie del agua. Es una de las historias de ingenuidad y heroísmo más respetadas de Gran Bretaña. Ante todo queremos ser respetuosos con los valores de la época en la que transcurrieron estos acontecimientos».

Fuente: ABC