El Douglas DC-3 de SPANTAX Bajo las aguas de Tenerife

 

CURIOSIDADES BAJO LOS MARES DE ESPAÑA

HACE YA 54 AÑOS

La Asociación de Buceo Ecosubtenerife, hace unos cuatro años, consiguió sumergirse en la costa norte de la isla de Tenerife, concretamente en un lugar denominado costa del Sauzal, cerca del Puerto de la Cruz, donde hace más de 45 años se produjo el accidente de un Douglas DC-3 de la compañía española charter Spantax, la más importante en España hasta que se produjo su quiebra a finales de los años ochenta. Gracias al meticuloso trabajo y una perfecta planificación de los miembros de esta asociación de buceadores con sede en la isla de Tenerife, y después de tanto tiempo, podemos apreciar hoy por hoy los restos de este emblemático avión que aún se conserva en buen estado pese al azote del fango, la corrosión y las potentes corrientes marinas que afectan a esta zona marina. Las fotografías realizadas, cuyo contenido son de alta calidad, nos muestran como el avión permanece en posición de invertido anclado en el fondo del mar con todos los elementos de su estructura intactos. Cabe destacar que, a pesar de los casi 800 metros de profundidad, la luz conseguida por los técnicos de Ecosubtenerife, fue fundamental para la obtención de las fotografías.

El comandante Maldonado tuvo un ejemplar comportamiento junto al resto de su tripulación. No obstante, pese a su gran esfuerzo, no pudieron evitar que un pasajero se hundiera con el avión. La foto fue tomada después del accidente.

Los hechos del accidente del Douglas DC-3 que fue el avión bimotor de transporte civil y militar más emblemático en la década de los años cuarenta y cincuenta (se construyeron más de 10.700 ejemplares) sucedieron de la siguiente forma; El avión (matricula EC-ACX) de Spantax efectuaba la línea insular el día 16 de septiembre de 1966 entre Tenerife Norte-Los Rodeos y Santa Cruz de la Palma en un vuelo para Iberia (IB-261). A bordo se encontraban 24 pasajeros y 3 tripulantes: Comandante Maldonado, copiloto Piedrasitas y azafata María del Carmen Vázquez. Pasados dos minutos desde el momento del despegue, la tripulación comenzó a notar vibraciones en el avión. El motor izquierdo comenzó un “embalamiento” de la hélice incontrolado, estando la hélice en sobrevelocidad. Este tipo de fallo era habitual en los motores de pistón en esta época de la aviación. Se considera que alguna de las piezas de transmisión del motor se parte y si la sobre velocidad es muy elevada, la fuerza centrífuga a vencer es excesiva y en consecuencia el motor queda incontrolado perdiendo el empuje de aire que la hélice proporciona hacia atrás (al girar esta en vació) fundamental para impulsar al avión. También resulta inminente en estas circunstancias una subida en las temperaturas del motor dado el alto rozamiento de las piezas, lo que provoca el peligro de incendio por sobrecalentamiento. Con un motor inoperativo, el DC-3 iba con mucho peso, ya que su capacidad era de 24 pasajeros, es decir, el avión iba con todas las plazas ocupadas y las consecuencias fueron nefastas, más teniendo en cuenta que el fallo se produjo justo después del despegue cuando el avión lleva una velocidad bastante justa y la aerodinámica para mantener las fuerzas del vuelo son limitadas.

El fallo en uno de los motores después del despegue ocasionó el amaraje del DC-3 de la compañía Spantax. En la foto un DC-3 de Spantax, similar en el aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos.

Las condiciones meteorológicas del aeropuerto no eran buenas, ya que el avión volaba dentro de nubes y desde el momento del fallo el DC-3 comenzó descender y en poco tiempo, se perdió mucha altitud y la tripulación descarto de inmediato la posibilidad de regresar al aeropuerto, más teniendo en cuenta que el avión continuaba con un considerable régimen de descenso y había que combatir la emergencia que no cesaba. Para la tripulación era fundamental tomar una decisión rápidamente, ya que el aparato, tan solo permanecería en el aire unos pocos minutos. No había muchas opciones, ya que en el entorno del avión solo había mar y kilómetros de acantilados en la costa norte tinerfeña. Por lo tanto, el comandante buscó el lugar óptimo para el amaraje y preparó, junto con su copiloto y azafata, al pasaje para tal maniobra. Instantes después, la tripulación consiguió amarar suavemente el aparto sobre las aguas de la bahía de Los Ángeles, en la costa del Sauzal, localidad situada a 21 kilómetros de Santa Cruz de Tenerife.

En el gráfico, que corresponde a una carta de aproximación al aeropuerto de Tenerife Norte, puede verse definida la trayectoria aproximada desde el despegue hasta la Costa del Sauzal, donde la paulatina pérdida de altitud le obligo a entrar en contacto con el mar.

A partir de aquí, la suerte y, por otra parte, unas desgraciadas circunstancias se encargaron de perfilar el suceso. Suerte porque el lugar elegido para el amaraje, a unos 300 metros del litoral había más de media docena de barquillas que estaban pescando en la zona, y que al advertir absortos los pescadores la maniobra del avión y su posterior caída acudieron inmediatamente en socorro. Diez minutos permaneció el DC-3 flotando. Durante este tiempo, el pasaje, obedeciendo las certeras instrucciones de la tripulación, pudo pasar del avión a las barcas pesqueras para ser transportados a tierra. Algunos pasajeros, que se supone sabrían nadar, se arrojaron al agua antes de la llegada de las barcas pesqueras, pero pudieron ser rescatados fácilmente. El resto del pasaje permaneció a bordo hasta que se les indicó que lo abandonasen con sus correspondientes chalecos salvavidas. Pero cuando terminaba la evacuación, un pasajero, Fernando Izquierdo, juez del pueblo de la Victoria, en una crisis nerviosa, se negó a abandonar el avión, asiéndose fuertemente a la puerta de salida. Resultaron inútiles los esfuerzos de la tripulación por salvarle cuando ya el avión comenzaba a sumergirse con el infortunado pasajero a bordo. En tan dramáticas circunstancias falleció la única victima del suceso. Las barcas de los pescadores llevaron al pasaje y tripulación hasta un pequeño puerto vecino y desde una meseta cercana, un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate –SAR llegado desde la base naval de Canarias los transportó en sucesivos viajes hasta el aeropuerto de Los Rodeos.

A Bordo del avión viajaban 24 pasajeros y tres tripulantes. En la foto, vemos el interior de un DC-3 de Spantax similar al del accidente.

Tres pasajeros, apenas pusieron los pies en el suelo, corrieron isla adentro, negándose a subir a bordo del helicóptero victimas de un ataque de pánico y desapareciendo rápidamente. Todas las declaraciones de los supervivientes coincidían en elogios a la serenidad y buen hacer no solo del comandante, sino también del copiloto y la azafata. La presencia de las barcas de pescadores fue milagrosa, ya que sin ellas el siniestro pudiera haber terminado en una auténtica catástrofe pues la mayoría de los pasajeros no sabían nadar, y con los nervios no acertaban a ponerse e inflar debidamente los chalecos salvavidas. Dado que el avión no fue recuperado, la fuente de información fue las declaraciones de la tripulación y la causa que produjo la avería en el motor izquierdo no se pudo determinar de forma exacta, debido a las circunstancias.

Una foto con un gran valor histórico. Vemos a la azafata del DC-3, María del Carmen Vázquez en la cola de un DC-3 de la compañía.

Al igual que ocurre con cientos de tesoros entre los que se incluyen embarcaciones y aviones que desde hace décadas e incluso siglos se encuentran en muchos lugares de nuestras costas permanecerán allí de por vida teniendo en cuenta los problemas que conlleva sacarlos a la superficie. Por desgracia estas labores son bastante caras y en España, al contrario que en muchos países europeos, es muy difícil encontrar subvenciones por parte de la administración cuyos presupuestos suelen ir destinados a otros menesteres. Por este motivo, es muy importante destacar el gran merito de cualquier institución privada cuyas iniciativas sin ánimo de lucro enriquecen infinitamente nuestro patrimonio histórico y aportan material a nuestros museos.

Distintas vistas del avión y sus restos, actualmente en el fondo de la bahía de Los Ángeles, en la costa del Sauzal. Todas conseguidas por la Asociación de buceo Ecosubtenerife.

Nota; Este reportaje, fue publicado en el ejemplar número 1 de la revista CLASSIC AVIACION.

Fotos; Asociación de Buceo Ecosubtenerife y archivo Classic Aviacion.

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