Boom XB-1, el avión supersónico más rápido del mundo que no contamina

 

Cuando contemplemos su fugaz paso por el firmamento, nos preguntaremos: ¿Es un pájaro? ¿Es Superman? No, es un avión. Y supersónico, el más rápido del universo. Y por si fuera poco, el menos contaminante. Cero huella de carbono deja su fulgurante estela. Lleva por nombre Boom XB-1 y sus constructores anuncian que es del todo sostenible. Cero emisiones.

La empresa de aviación Boom Supersonic, líder en la industria de jets de negocio y con sede en Denver (Estados Unidos), acaba de anunciar a bombo y platillo que el programa de vuelos de prueba de su nuevo avión supersónico XB-1 ha sido totalmente neutro en carbono mediante el uso de combustibles de aviación sostenibles. Acaba de montar su fuselaje y dejarlo inmaculado para las fotos en una demostración de que la velocidad y el diseño no están reñidos con el compromiso ambiental.

El pasado verano, Boom selló su asociación con la revolucionaria compañía Prometheus Fuels (que fabrica combustibles alternativos sostenibles, con sede en San Francisco) para suministrar energía para reactores garantizando una emisión neutra de carbono durante el programa de pruebas del XB-1. ¿Y cómo se consigue este milagro centelleante? Prometheus elimina el CO2 del aire y utiliza electricidad limpia para convertirlo en combustible para aviones. El sol y el viento proporcionan la fuerza en este proceso de transformación, por lo que no hay emisiones netas de carbono desembocados de la ignición del combustible. El director general de Prometheus esbozó los avances tecnológicos que podrían hacer que la gasolina renovable y el precio de los aviones de CO2 compitan con los combustibles fósiles, además de echar cálculos con lo que ha de venir. «Para sustituir toda la gasolina fósil en los Estados Unidos se necesitarán 1,4 TW adicionales de capacidad solar y eólica combinada sólo para los Estados Unidos», señalaba a la prensa Rob McGinnis, fundador de Prometheus.

El otoño pasado, Boom designó un equipo de sostenibilidad y medio ambiente, nombrando a Raymond Russell como jefe de sostenibilidad. Fue fichado de Google y ha sido clave en la política y la promoción ambiental de la compañía. Sin dejar nada al azar, Boom hizo una serie de pruebas en tierra hace justo un año en las que la compañía puso en marcha los motores XB-1 utilizando los mencionados combustibles. Todo salió de cine. Porque la revolución verde también quiere volar a miles de pies de altura. Recordemos que la aviación comercial contribuye con alrededor del 2% de las emisiones mundiales de carbono del mundo, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), con sede en Montreal (Canadá). En el caso de los jets privados, aunque estos aviones sean de dimensiones más reducidas y el pasaje disminuya, las emisiones se dividen entre un número menor de personas, pero que paradójicamente emiten cuatro veces más CO2 por pasajero que un vuelo económico equivalente.

Fundada en 2014, Boom Supersonic está a punto de terminar su nave de demostración XB-1, el primer avión supersónico civil desarrollado de forma independiente. Las fases de diseño, construcción y prueba del XB-1 fueron creadas para afinar el diseño de Overture, que así se llama el primer avión comercial supersónico de la empresa aeronáutica. Volando a 20.000 pies de altura y a una velocidad de 2,2 match (2.335 km/h), acarreará entre 55 y 75 pasajeros, con cuatro asistentes de vuelo y dos pilotos. El precio del pasaje, juran, no irá más allá de un vuelo trasoceánico en clase business. Ya hay quien ha puesto su mirada sobre su fino fuselaje de 170 metros de longitud y 60 de envergadura de alas que cuesta 200 millones de dólares por modelo. Japan Airlines ha invertido 10 millones en Boom y ha reservado 20 unidades de Overture.

Con el Libro Guinness en la mano, Overture será el avión comercial más rápido de la historia, pero no el primero en atravesar la barrera del sonido con pasajeros a bordo. Antes lo hicieron el malogrado Concorde (que dio servicio entre 1976 y 2003) o el Tupolev ruso TU-144 (de 1968 a 1999). Según rezan sus principios fundacionales, la intención de Boom Supersonic es acercar a las familias, los negocios y las culturas y hacer el mundo más accesible a través de los viajes supersónicos. «Los vuelos de hoy en día toman la misma cantidad de tiempo que tomaron en los años 50. La velocidad no se trata de ir realmente rápido. Se trata de la cercanía. Se trata de hacer que los lugares lejanos se sientan como si estuvieran a la vuelta de la esquina. Si podemos volar el doble de rápido, el mundo se vuelve el doble de pequeño, convirtiendo tierras lejanas en vecinos familiares. Los viajes más rápidos ponen a la gente, las culturas y las experiencias del mundo al alcance de la mano». Palabra de Blake Scholl, fundador y CEO de Boom. ¿Se imaginan un Madrid-Nueva York en apenas tres horas? Paciencia…

Fuente: Fuera de Serie

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