Aviones gigantescos para apagar incendios

 

Los tres aviones cisterna más grandes del mundo tienen en su historial la lucha contra las llamas en muchos países alrededor del mundo, incluido España.

Para incendios más o menos pequeños, con el empleo de helicópteros y personal de tierra suele ser más que suficiente al ser armas más expeditivas que los aviones. Pero cuando la cosa se pone realmente fea, se necesita emplear aeronaves cisterna para evitar males mayores y que el fuego pueda poner en peligro pueblos o ciudades.

Volar sobre un incendio no es algo agradable, a la mala visibilidad debido al humo se añaden factores decisivos como el vuelo a baja altitud, obstáculos de todo tipo, tráfico aéreo complejo y las turbulencias -a veces severas- producidas por la columna de calor del incendio. Lo que afecta negativamente a los pilotos que sufren de un estrés muy importante.

Todo eso no quita para que se hayan diseñado auténticos gigantes voladores para la lucha contra incendios. Con unas físicas de vuelo complejísimas son aún más complicados de manejar en según qué circunstancias e incluso a veces han dado más de un susto.

Estos aviones tan grandes no están especialmente diseñados para acercarse a los focos activos y apagarlos, sino más bien al control y a crear barreras. Por ejemplo, si se teme que un incendio puede acercarse a una población, las descargas de estos colosos crearán una barrera para que eso no ocurra. Los mismo con el refresco de zonas calientes que ya han sido sofocadas y que pueden reactivarse.

El Boeing 747 apagafuegos

Comenzamos con el más grande de los apagafuegos construidos hasta la fecha. Se trata de un Boeing 747-400 originalmente perteneciente a la ya extinta Evergreen. Tras algunos vaivenes empresariales, el único 747 que queda operativo hoy en día es hoy propiedad de la estadounidense Global SuperTanker Services con base en el estado de Colorado.

Curiosamente el servicio de apagafuegos de esta compañía está estrechamente relacionado con España pues fue en unos incendios de Cuenca en 2009 cuando el avión (otro 747 ya retirado) tuvo su primera misión. Posteriormente ha ido trabajando puntualmente en el resto del mundo allá donde se le ha necesitado: Israel, Chile y la propia Estados Unidos han sido tres de los países donde ha trabajado.

El avión, como se puede apreciar en las imágenes, es una auténtica mole. Si nos fijamos en los datos del avión en el que se basa, en vacío tiene ya un peso que ronda los 180.000 kilogramos a los que hay que sumar el combustible y el agua o elemento retardante. De este último, el 747 SuperTanker puede almacenar unos 70.000 litros en sus bodegas y soltarlo sobre un incendio o zona cercana.

«Los bomberos en la tierra son los que finalmente extinguen los incendios. La misión de los aviones cisterna es servir como un multiplicador de fuerza, controlar y contener incendios; al mismo tiempo que proteger a los bomberos, a los ciudadanos y a sus propiedades», en palabras del presidente de Global SuperTanker, Dan Reese.

Ilyushin Il-76

La herencia soviética en estos aviones sale por todos y cada uno de los tornillos de la aeronave. Con un diseño muy similar a los Antonov que realizan vuelos sanitarios en Estados Unidos, los rusos tienen su particular versión de avión gigante apagafuegos.

Al igual que el 747 SuperTanker, el Il-76 es un avión cuatrimotor, pero en este caso fue diseñado exclusivamente para el transporte de carga aérea. En este caso, el propietario de la aeronave es el propio Gobierno de Rusia a través de su Ministerio de Emergencia.

El avión tiene un peso en vacío de unos 90.000 kilogramos, prácticamente la mitad que el Boeing 747, y en sus bodegas es capaz de almacenar unos 50.000 litros de agua. Este avión se ha empleado en varios incendios a lo largo y ancho del mundo, entre los que destacan los ocurridos en Chile en 2017.

McDonnell Douglas DC-10 Air Tanker

El último puesto del podio regresa a tierras norteamericanas de la mano de uno de los aviones más icónicos de los años 70 y 80. Lo cierto es que no tuvo mucha suerte en cuanto accidentes e incidentes se refiere. El DC-10 tiene la particularidad de que las puertas de carga se abren hacia afuera. Algo muy complejo técnicamente pues en pleno vuelo, la bodega tiene más presión que el exterior y esa fuerza favorece la apertura de la puerta. Algo así como en una botella de champán.

Esto requería de un sistema de anclaje muy pesado que impidiera que la puerta se abriera en pleno vuelo. Lo que ocurría es que este seguro no funcionaba bien en ocasiones y provocó algunas despresurizaciones explosivas. Igual que si agitamos la misma botella de champán, pero a escala aeronáutica.

El avión pasó entonces a un segundo plano y, tras varias modificaciones, fueron las aerolíneas cargueras las que se hicieron con las flotas más grandes. De hecho, casi 50 años después de su primer vuelo, muchos aviones de este modelo siguen volando, transportando carga e incluso dando servicio de repostaje en vuelo.

En 2002, la compañía 10 Tanker comenzó con la investigación de unos aviones cisterna de nueva generación y, tras un par de años de pesquisas, el elegido para tal misión fue el DC-10. En 2006 tuvo el primer vuelo este coloso y desde entonces no ha parado de soltar los 35.000 litros de agua o retardante que puede albergar en su bodega.

Según informa la propia compañía en su página web, actualmente tiene una flota compuesta por 4 DC-10 apagafuegos. En cuanto a especificaciones, el sistema de descarga es capaz de soltar todo el líquido en tan solo 4 segundos a una velocidad de 260 kilómetros por hora y a una altitud de 60 metros.

Fuente: Omicrono

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