Así era el proyecto del Concorde silencioso de Boeing

 

Hace casi 20 años Boeing barajó una jugada maestra que le habría permitido no perder ventaja frente al A380 que Airbus estaba dando forma: un avión subsónico que vuele más rápido que ningún otro, que pueda transportar a 250 pasajeros y que no tenga un consumo de combustible desorbitado. Pero el proyecto fracasó.

Hacia el año 2000 Boeing veía que las órdenes de compra del B747 y el B767 se ralentizaban. Y necesitaba tener una solución a mano.

Airbus había anunciado que estaba gestando un cuatrimotor capaz de transportar a 550 pasajeros y el Concorde todavía seguía volando, aunque sus altos costes lo estaban condenando día a día.

Las dos opciones de futuro

Boeing veía que el futuro podía tomar dos caminos: el crecimiento de vuelos con aviones gigantescos entre grandes hubs, o la expansión de rutas punto a punto, con un mayor protagonismo de aeropuertos secundarios y de aviones más pequeños pero más rápidos.

Airbus tomó el primer camino y siguió adelante con su proyecto del A380. El fabricante norteamericano optó por el segundo y desarrolló la idea del Boeing Sonic Cruiser.

Cómo era el Sonic Cruiser

En marzo de 2001 presentó la idea en sociedad: un avión de 76 metros con un diseño de alas en forma de delta, con un diseño que recordaba al del Concorde.

Su Sonic Cruiser no volaría tan rápido como el ave supersónica, sino a una velocidad de Mach 0,98, unos 1.120 kilómetros por hora; o sea un 20% más veloz que las actuales aeronaves.

Dado que la velocidad del sonido es de 1.235 km/h, este avión habría sido más silencioso que el modelo anglo-francés, todo un alivio para los oídos de los pasajeros.

Además su capacidad de 250 pasajeros habría duplicado a los 120 viajeros que podía transportar aquella aeronave.

Para evitar congestiones por su rápida performance, se lo diseñó para volar a 12.200 metros. Con una autonomía de 11.100 a 18.520 kilómetros, habría podido recortar en dos horas trayectos de largo radio como el de Londres a Singapur.

La velocidad no siempre es una ventaja

Pero el factor ‘más velocidad-más pasajeros’ fue un búmeran que jugó en contra del proyecto. Algunos ejecutivos de la industria como Richard Branson miraban con desconfianza al nuevo avión, que lo veían como un modelo que iba a complicar la operatividad de los grandes aeropuertos.

“A menos que construyan más pistas (en Londres-Gatwick o Heathrow) el Sonic Cruiser va a ser una fuente de problemas porque las aerolínea no tienen suficientes slots para usar con esta aeronave”, había dicho el creador de Virgin.

Muchos aeródromos no operan por la noche, por lo que la llegada de una aeronave de un vuelo nocturno antes de que el aeropuerto comience a funcionar habría alterado los turnos del personal en tierra y los controladores.

El proyecto se paraliza

Sin embargo en el 2001 Boeing seguía adelante con su proyecto. American Airlines se había apuntado a la lista de espera para tener al Sonic Cruiser en su flota. Pero sucedió algo inesperado.

El 11 de septiembre de ese año dos aeronaves se estrellaron contra las Torres Gemelas, una tercera impactó contra el Pentágono y una cuarta cayó en Pensilvania antes de cumplir su objetivo: lanzarse contra el Capitolio.

La crisis tras el 11-S llevó a un considerable aumento del precio del petróleo y a una depresión del mercado aeronáutico.

Las aerolíneas no estaban predispuestas a invertir en un nuevo modelo de avión que, si bien no sería tan gastador como el Concorde, sí tendría un mayor consumo que el B767 o el B757.

Boeing guardó el proyecto en un cajón, pero no lo dio por perdido. De hecho las investigaciones sobre el desarrollo de motores más eficaces se reutilizaron para lanzar, en el 2007, el B787 Dreamliner.

A la larga, este modelo se coronó como uno de los reyes de los vuelos de largo radio, conectando aeropuertos primarios y secundarios.

Pero cada tanto, Boeing vuelve a soñar con un avión que sea más rápido que el resto. E inclusive que supere al mítico Concorde.

Fuente: Cerodosbe

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