Antonov: Veteranos en el cielo

 

Los AN-12, 24 y 26 acumulan 68 accidentes en una década

El accidente aéreo al noroeste de Ucrania protagonizado por un AN-12 que había despegado horas antes desde Vigo y en el que han fallecido cinco ocupantes del cuatrimotor, hubiera supuesto un nuevo disgusto para Oleg Konstantínovich Antónov, diseñador del aparato. Esto hubiera sido así si este apasionado de la aviación, diseñador de aeronaves de todo tipo y uno de los personajes más reconocidos del sector tuviese ahora 103 años. No habrá disgusto real, pues Antónov falleció en Kiev en 1984, cuando Ucrania estaba dentro de Unión Soviética y a la URSS como tal aún le quedaban algunos años de vida.

Las necesidades civiles y la ambición militar de la Unión Soviética en el cielo, catapultaron la carrera de este creador de planeadores convertido en desarrollador de cazas durante la segunda guerra mundial. Ya en tiempos de paz o guerra fría, pudo crear aviones a placer desde una enorme planta cercana a Kiev, factoría que luego se amplió con un aeropuerto a su nombre. De su cabeza, mesa de diseño y de las de sus colaboradores nacieron aparatos como el AN-2, un biplano que ha sido el mayor monomotor del mundo y del que se construyeron más de 18.000 unidades. Una de ellas está expuesta precisamente en el recién estrenado museo de la Fundación Parque Aeronáutico de Cataluña, del aeropuerto de Sabadell.

Precisamente desde este último aeropuerto salió el pasado 21 de junio la 65º Vuelta Aérea de Cataluña, organizada por el Aeroclub Barcelona Sabadell. Este año, las 15 tripulaciones participantes llegaron hasta el aeropuerto de Vitoria-Foronda, en el País Vasco y sus aviones quedaron aparcados junto a un enorme cuatrimotor naranja y azul con una bodega capaz de transportar hasta 18.000 kilos: era un Antonov 12 gemelo al accidentado esta mañana en Ucrania.

Curiosamente ese día los participantes en la prueba aeronáutica llamaron más la atención en Foronda que el Antonov, que junto a otros aviones similares y otros mucho más modernos, es un visitante más que habitual en estas instalaciones vascas especializadas en carga aérea, siendo el cuarto aeropuerto del estado más importante en esta especialidad tras Madrid, Barcelona y Zaragoza.

Un Antonov AN-12 ucraniano en el aeropuerto de Girona-Costa Brava el pasado 23 de septiembre (Eugeni Roca)

Ver un Antonov 12 aparcado impone, aunque no puede esconder su veteranía: es un diseño original de 1955 que voló por primera vez dos años después y que tras otros 24 meses de duras pruebas, entró en servicio con las fuerzas aéreas soviéticas y la monopolística Aeroflot, que por entonces realizaban operaciones que se solapaban: aun estando pintados en diferentes colores, no se sabía donde acababa la parte militar, empezaba la civil y viceversa. Entre 1957 y 1973 la factoría de Antónov fabricó 1.250 unidades del modelo que llegaron a actuar en unos conflictos que ahora suenan tan lejanos como el bloqueo de la República Democrática Alemana en los 50, la crisis de los misiles en Cuba de los 60 o la invasión soviética de Afganistán en los 70. Todas estas vicisitudes fueron vividas en primera línea por los AN-12.

Con el colapso de la URSS hubo una primera diáspora de este tipo de aeronaves: aviadores y técnicos quedaron sin trabajo y tuvieron que buscar nuevos mercados en los que abrirse camino. Los Antonov tuvieron éxito en África, sobre todo por poder operar en pistas poco preparadas y por los precios muy económicos de su actividad. Este segundo aspecto se ha tenido muy en cuenta también para otras operaciones aéreas con unos aviones veteranos y más que amortizados que realizan vuelos de carga de lo más variado: desde el Vigo-Lviv de hoy a otros que unen diferentes puntos de Argelia con Francia o Bélgica en horarios nocturnos. Muchos pasan sobre el espacio aéreo de Barcelona y a pesar de la altura e incluso de volar sobre el mar dejan una huella sonora en las madrugadas de la ciudad buena parte de la costa. Sus motores son ingenios con miles de horas de vuelo creados en tiempos en los que gastar poco combustible o rugir poco no eran asuntos preferenciales. Eso se nota también en aeropuertos como Girona-Costa Brava donde este verano varios Antonov han volado con frecuencia e incluso en algunas ocasiones aviones y tripulaciones han hecho noche.

Un Antonov AN-26 pasando la noche aparcado en el aeropuerto Costa Brava este verano (Eugeni Roca)

Tan solo en la última década, 21 Antonov AN-12 han sufrido accidentes graves de los que 15 han sido mortales y otros aviones similares, antiguos aparatos militares usados hoy para transporte de carga e incluso de pasaje han tenido también un número de accidentes notable. El Antonov-24, otro diseño de los 50 y del que se han fabricado unos 1.400 unidades ha tenido 13 accidentes en los últimos 10 años y el AN-26, desarrollo del anterior de uso mixto ha tenido 34 accidentes entre 2009 y 2019.

El accidente de hoy, protagonizado por un avión con 51 años de servicio cuando, aparentemente, se ha quedado sin combustible a pocos kilómetros de su destino, suma una nueva perdida de vidas de aviadores que siguen volando casi ‘a la soviética’ y si bien a bordo se han realizado algunas mejoras técnicas en aspectos como las comunicaciones y algunas actualizaciones en su aviónica, el último Antonov-12 que salió de la factoría al oeste de Kiev ya ha cumplido 46 intensos años de servicio, una cifra notable para un avión que no forme parte de una colección de aparatos históricos y que siga realizando servicios comerciales.

Fuente: La Vanguardia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.